Vuelta a la rutina con baja visión

Vuelta a la rutina con baja visión: cómo facilitar la incorporación escolar y laboral

Baja Visión

Septiembre es sinónimo de volver. Volver al colegio, a la universidad, al trabajo, a los horarios, a las pantallas, a los desplazamientos diarios y a todas esas pequeñas tareas que durante el verano habían quedado en un segundo plano.

Para muchas personas, recuperar la rutina requiere unos días de adaptación. Pero cuando existe baja visión, esta vuelta puede plantear dificultades adicionales.

Leer una pizarra, consultar un documento, utilizar el ordenador, reconocer a una persona a distancia, desplazarse por un entorno nuevo o enfrentarse durante horas a determinadas condiciones de iluminación pueden convertirse en auténticos retos.

Por eso, septiembre también puede ser un buen momento para revisar las necesidades visuales y acudir a un centro especializado en Baja Visión.

¿Por qué la vuelta a la rutina puede ser más complicada con baja visión?

La baja visión es una limitación visual importante que no puede corregirse completamente con unas gafas convencionales, lentes de contacto, tratamiento médico o cirugía.

Además, no todas las personas con baja visión ven de la misma manera.

Dependiendo de la patología y del grado de afectación, pueden existir dificultades relacionadas con la agudeza visual, el campo visual, la sensibilidad al contraste, la adaptación a los cambios de iluminación o la percepción de determinados detalles.

Durante las vacaciones algunas de estas limitaciones pueden pasar más desapercibidas porque disminuyen las exigencias visuales. Con septiembre, sin embargo, regresan muchas actividades que requieren un uso intensivo de la visión.

Y es entonces cuando las dificultades pueden hacerse más evidentes.

Volver a las aulas con baja visión

En niños, adolescentes y estudiantes universitarios con baja visión, el comienzo del curso implica enfrentarse de nuevo a numerosas demandas visuales.

Ver lo que escribe el profesor en la pizarra, leer libros y apuntes, localizar información en una página, trabajar con un ordenador o una tablet, copiar contenidos, desplazarse por el centro educativo o reconocer a compañeros y profesores son solo algunos ejemplos.

Una dificultad visual puede hacer que estas tareas requieran más tiempo y esfuerzo.

Y esto es importante: que un estudiante tarde más en leer, necesite acercarse mucho al papel o a la pantalla o tenga problemas para localizar determinada información no significa necesariamente que tenga dificultades de aprendizaje.

Puede necesitar simplemente otras herramientas y estrategias para acceder a esa información.

Por eso es fundamental conocer cómo ve realmente el alumno y qué necesidades tiene en su entorno escolar.

¿Y en el trabajo?

La vuelta laboral también puede resultar especialmente exigente para una persona con baja visión.

Ordenadores, documentos, reuniones, presentaciones, iluminación artificial, desplazamientos, transporte público, reconocimiento de personas o lectura de pequeños detalles forman parte de la rutina de muchos puestos de trabajo.

Cuando existe una limitación visual, algunas de estas actividades pueden generar mayor esfuerzo, fatiga o dependencia.

Sin embargo, disponer de las ayudas adecuadas y adaptar determinados aspectos del puesto de trabajo puede facilitar enormemente el día a día.

El objetivo no es únicamente “ver más”, sino conseguir que la persona pueda realizar las tareas que necesita de la forma más eficaz, cómoda y autónoma posible.

La importancia de una valoración especializada en Baja Visión

Una consulta de Baja Visión es diferente de una revisión visual convencional.

Cuando una persona presenta una pérdida visual que no puede solucionarse completamente con una graduación tradicional, debemos ir un paso más allá.

En una valoración especializada estudiamos su resto visual, pero también algo fundamental: qué necesita hacer esa persona en su vida cotidiana.

Porque las necesidades de un niño que tiene que seguir las explicaciones en el aula serán diferentes a las de una persona que trabaja ocho horas delante de un ordenador o a las de alguien que necesita desplazarse de manera autónoma.

Por eso podemos plantearnos preguntas como:

¿Tiene dificultades para leer textos impresos?

¿Puede ver la pizarra o una presentación a distancia?

¿Le cuesta utilizar el ordenador?

¿Necesita aumentar mucho el tamaño de letra del móvil?

¿Tiene problemas para reconocer caras?

¿Le molestan especialmente determinadas condiciones de iluminación?

¿Le cuesta orientarse o localizar objetos?

Las respuestas nos ayudan a establecer objetivos visuales concretos y realistas.

Las ayudas de Baja Visión pueden marcar la diferencia

En Baja Visión no existe una única solución válida para todo el mundo.

Dependiendo del resto visual, de la patología y, sobre todo, de las necesidades de la persona, pueden valorarse diferentes recursos.

Entre ellos encontramos ayudas ópticas para cerca o lejos, sistemas de aumento, soluciones electrónicas, filtros selectivos, dispositivos digitales y diferentes estrategias relacionadas con la iluminación, el contraste o la organización del espacio.

También podemos trabajar sobre algo tan cotidiano como configurar correctamente una pantalla: aumentar el tamaño del texto, modificar el contraste, utilizar funciones de ampliación o adaptar la distancia de trabajo.

La tecnología ofrece actualmente numerosas posibilidades que pueden resultar especialmente útiles tanto en el ámbito educativo como en el laboral.

Pero tan importante como disponer de una ayuda es saber qué ayuda elegir y aprender a utilizarla correctamente. De ahí la importancia de contar con profesionales especializados.

No esperar a que aparezcan las dificultades

Lo ideal es realizar esta valoración antes de que las exigencias escolares o laborales empiecen a generar problemas.

Septiembre puede ser un momento excelente para hacerlo.

Si sabemos qué tareas van a formar parte de la rutina, podemos anticiparnos y estudiar qué soluciones pueden facilitar su realización.

En el caso de los estudiantes, además, conocer sus necesidades visuales puede ayudar a establecer adaptaciones en el aula: desde su ubicación hasta el tamaño de los materiales, el uso de dispositivos electrónicos o determinadas condiciones de iluminación.

En el entorno laboral ocurre algo parecido. Adaptar correctamente el puesto y disponer de las herramientas necesarias puede favorecer la autonomía, la comodidad y el desempeño profesional.

Volver a la rutina también puede significar ganar autonomía

Una pérdida visual no siempre puede recuperarse, pero eso no significa que no podamos hacer nada.

Uno de los grandes objetivos de la Baja Visión es precisamente aprovechar al máximo la visión que permanece y encontrar nuevas formas de realizar aquellas actividades que son importantes para cada persona.

Y esa es quizá una buena manera de afrontar septiembre.

No se trata únicamente de volver al colegio o al trabajo. Se trata de hacerlo contando con los recursos necesarios para desenvolverse con mayor seguridad, comodidad e independencia.

Yanguas Ópticos & Audición, especialistas en Baja Visión

En Yanguas Ópticos & Audición somos especialistas en Baja Visión y centro colaborador de la Fundación ONCE Baja Visión.

Estudiamos cada caso de manera individual, valorando no solo la capacidad visual de la persona, sino también sus necesidades escolares, profesionales y personales para buscar las ayudas y estrategias más adecuadas.

Si tú, tu hijo o alguien de tu entorno convive con baja visión y la vuelta a los estudios o al trabajo está suponiendo un reto, septiembre puede ser un buen momento para realizar una valoración especializada.

Porque volver a la rutina debería significar recuperar actividades, proyectos y objetivos. Y contar con las herramientas adecuadas puede ayudar a hacerlo con mayor autonomía.

Yanguas Ópticos & Audición
Paseo María Agustín, 113 – Plaza Europa, Zaragoza
976 443 995 · 618 701 844

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